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domingo, 20 de marzo de 2011

LA URSB


LA URSB

Hay un periódico que dice tener la juventud y fe ciega en la patria que lo vio nacer y que a la vez lo censuró alguna vez. Este medio cree fervientemente en Norteamérica como fiel amigo y consejero. Hay también quién dijo… que la ayuda de un poderoso termina condicionándote a la larga. Acaso los EE. UU. No son sumamente poderosos como para creer que su modelo y sus ayudas nunca nos permitirá decidir por nuestros propios medios? Ah. Claro. Pero es el primer mundo.
El bloque regional de países latinoamericanos llamado ALBA (alternativa bolivariana para las Américas) es una asociación de países como los es el NAFTA, como lo es la UE, como lo es el MERCOSUR. Ahora bien, si los países deciden hoy crear una federación de países para paliar los conflictos regionales es una decisión que puede ser discutida en todos los niveles; pero jamás puede ser anulada con el pretexto de que los propulsores son conocidos como dictadores comunistas fracasados.  ¿O acaso en los tratados de libre comercio que se celebran entre países del primer mundo no existe las más mínima posibilidad de que haya dictadores encubiertos por  políticas seudo altruistas, avaladas por todo un aparato de inteligencia que vive para construir el universo social apto para la creación de la ilusión llamada democracia. Entonces, no puede decirse que porque Hugo Chávez promueva un bloque regional necesariamente tal empresa sea de por sí un intento Hitleriano de conquistar el mundo, como se anda diciendo. Eso sería suponer que Chávez domina el cerebro de todos los votantes, inclusive de todos los políticos de nuestros países; pero mucho más creíble sería suponer que los países poderosos imponen las concepciones dominantes a través de todo el aparato ideológico del Estado, es decir, a través de todas las instituciones “democráticas” importadas al mundo. Es difícil creer que Chávez se esté ganando la confianza del Paraguay y del resto del continente con toda la prensa rotulándolo de orangután, el nuevo César,  dictador, y otros calificativos impropios.  Este argumento que se trata de parecer a uno, es el que se quiere realmente imponerse unilateralmente, por que creer que el ALBA como reacción antiimperialista se instala en la conciencia del pueblo latinoamericano solamente porque existe un Fidel, un Chávez, un Correa, un Evo, un Allende, un Sandino, es abiertamente evidenciar la falta de respeto a la dignidad e integridad de nuestros hermanos latinoamericanos como seres pensantes, conscientes y auténticos. No hay que dar por confirmada la reificación del individuo antes de tiempo, señores. Todavía tenemos algún dominio de las circunstancias.
Pero si vamos a tomar el argumento de la alienación, que es la única manera de explicar lo que este periódico quiso decir,  entonces, este medio es el que tendría que autocuestionarse y demostrar que no sirve al aparato de real dominación. Primero, porque para tal proceso psicológico deben darse algunos presupuestos: como ser que las instituciones habilitadas en la sociedad se utilicen para adoctrinar, reproducir y coartar cualquier intento de rompimiento con el stablismentt. Y justamente, el diario cotidiano es un factor fundamental en este proceso. Y realmente cuesta mucho encontrar si quiera una noticia –ni siquiera un periódico o un canal de televisión- que nos repita inescrupulosamente y a veces sin validez, que Chávez nos hará tocar el cielo con las manos y que el primer mundo no es nada comparado con el que promete. Tampoco es creíble que Venezuela invierta más que los países del primer mundo en los gobiernos latinoamericanos, porque por lo menos todavía sabemos contar.
La ingenuidad está a flor de piel. Mientras que Chávez y Fidel dicen abiertamente que están en contra de las políticas imperialistas y que están luchando para que se discuta el socialismo en forma dialéctica, los medios derechistas presentan al mundo que los gobiernos del G 20 y consejo de Washington quieren un mundo mejor y pelean contra este tipo de intentos. Entonces, quien dice la verdad dependerá de qué lado se esté, o más contemporáneamente, en qué acciones conviene materialmente invertir. Sin embargo, la prensa sostiene  que el Socialismo del siglo XXI tiene otras intenciones y que los países primer mundistas y los que intentan asemejarse son puros y fieles a la libertad democrática. La pregunta que un ciudadano debería hacerse ante esta situación es por qué deberíamos no creer a alguien que manifiesta una verdadera confrontación, no simpatizando con el oponente y criticando sus falencias cada vez que tiene posibilidad de hacerlo. Y por qué debería creer ciegamente en los gobiernos que dicen ser defensores de la libertad y del hombre y que supuestamente todos los hombres del mundo son iguales y dignos de ser respetados. A partir de estas interrogantes, el ciudadano verá sencillamente que la duda empieza a surgir más del lado de aquel que pinta que está todo bien y que no hay  que preocuparse mientras todo siga igual. Usualmente, en la mala política, que es la característica fundamental de la sociedad, no es políticamente correcto ganarse la oposición de los poderosos, y mucho menos si éstos tienen el poder total. Sería interesante escuchar opiniones que expresen como Chávez hace para constituirse en una amenaza para Paraguay y el continente. Porque no es suficiente el cuento de que en Venezuela existe la fuente renovable de petrodólares que hacen hipnotizar hasta el ciudadano que ni si quiera sabe quién es Chávez.
Continuando con otro argumento, o intento mejor dicho, de la propaganda antichavista, se expresó que el socialismo contiene ideas retrógadas que han fracasado en el mundo y que trajo como consecuencia la muerte de millones. Quiero primero analizar el término retrogadar porque me parece que se está siendo injusto con él. Retroceder, que es el significado de esta palabra, puede tener una connotación  negativa –que es la que se usó aquí- como  positiva –que es la que se obvio premeditamente o negligentemente. En el sentido negativo sería que los Estados se volvieran aparatos de represión de la libertad supuestamente ganada con los siglos. En el sentido positivo, tranquilamente podría exponerse volver atrás, dejando todas las condiciones actuales que no sirven para replantear la existencia de la humanidad y empezar de nuevo pero aprendiendo de lo mal hecho. Galeano sonreiría con esta utilización connotativa de la palabra. Porque como nos había recordado el escritor uruguayo, todo aquel político que nos prometa conducir a nuestros países subdesarrollados a los podios del primer mundo nos está dando la prueba suficiente para imputarlo por lesión de confianza y crímenes de lesa humanidad. Y esto se entiende paradójicamente con la lectura de un informe de la FAO, institución de las Naciones Unidas, que había aseverado que para que todos los países pobres del mundo pudieran tener el mismo derecho al nivel de vida de los países ricos era necesario para tal aprovisionamiento de recursos naturales la mismísima cantidad de 11 planetas como el nuestro. Además la afirmación de que el socialismo ortodoxo haya tenido bajo su gobierno miles de muertos no nos dice nada de la verdadera causal; y por otra parte, los millones de muertos que ha producido el gobierno capitalista no son simples guarismos escondidos tras el confort, el despilfarro y los lujos. También dicen que han fracasado y en mayor escala que en cualquier otro periodo histórico, y que tiene además el agravante de que tuvieron de su lado el progreso tecnológico y científico como nunca antes se había dispuesto. Otra pregunta que se haría el ciudadano responsable sobre esto es por qué habiendo tanta producción de mercancías, que tranquilamente permitirían que nuestra generación y la que viene pudieran satisfacer sus necesidades vitales, sigue habiendo el 80% de la población mundial con la incertidumbre de saber hasta cuando se podrá seguir comiendo o pagando por un servicio de salud. Si la tecnología y la ciencia solucionaron el problema del tiempo y el ahorro, por qué se lo ha usado solo para beneficio de los que pueden llegar a ello. ¿Acaso eso no es dictadura tecnócrata? La Rusia de Stalin tuvo muchos muertos, pero no por ello se puede aislar el ejemplo y decir que el socialismo es el terror y la pobreza extrema.
Nuestro incisivo periódico, en otros de sus deseos de justificación ideológica, escribe que esta idea bolivariana que ronda en Latinoamérica antes de desarrollarse está destinada al fracaso por ser una contramarcha del proceso histórico de la globalización económica. ¿Qué quiere decir esto? ¿Querrá decirnos que los latinoamericanos somos tan ineptos que no podemos elegir el camino y la forma, o tal vez que debemos ir asimilando paulatinamente la pérdida absoluta de las tan mencionadas soberanías nacionales? El proceso histórico no es una entidad inmóvil, sino todo lo contrario; es dinámica y como tal interactúa con innumerables fuerzas externas que la van determinando. Sociológicamente es imposible querer aceptar que el mundo ya está pensado de antemano y que solo hay que aceptarlo como se presenta. Esa visión mecanicista del mundo y de la historia comete la osadía de levantar lo que justamente no pretenden: la dignidad del hombre. Querernos hacer creer que el nacido pobre, miserable muere, y que el adinerado afortunado manda pese lo que pese, eso sí es retrógrado en el sentido peyorativo, y sí es ir contra la fuerza más importante de la historia: es ir contra los legítimos agentes históricos, hombres y mujeres que viven luchando no por vivir en Paris a la última moda, sino para ganarse el lugar de ser persona que quinientos hombres del mundo les quieren negar. Globalizar no es más que otro ejemplo de las hipótesis que se autovalidan en la sociedad de consumo, no es más que la importación de instituciones capitalistas necesarias para establecer el control del mundo.
En cuanto a la iniciativa de los gobiernos socialistas de querer formar una confederación militar en Latinoamérica y entablar una guerra contra el imperio capitalista mundial, es a todas luces entendible y ajustado a derecho. Así lo hacen todos los países democráticos; especialmente EE. UU., país que gasta más millones de dólares en armas que en facilitar becas a estudiantes pobres. La guerra de la que se habla no es ningún invento teórico-ideológico como quiere presentarse; la lucha frontal con el poder es más que cierta, es histórica. Tampoco escapa a la comprensión que los países poderosos utilicen todos los medios materiales e intelectuales como espirituales para contener el avance del pensamiento crítico de sus gobernados. Entonces, si nos enfrentamos a uno de los más grandes enemigos que haya enfrentado el hombre, es consecuente que los gobiernos comprometidos con el bienestar vital del hombre se organice para la defensa de sus derechos fundamentales. Los países que quieren presentar como ejemplos a seguir en vez de elevar la condición de vida, la denigran cada vez más hasta llegar a niveles escandalosos. Y si no fuera cierto, dónde están las realidades que nos venden en sus novelas y películas occidentales. Que el modelo haya resultado en algunos países no justifica la matanza ni el aniquilamiento de la naturaleza. Es más, el invento del enemigo permanente es una fórmula vieja utilizada por la extrema derecha mundial, la cual es la que se ha obtenido utilidades sin precedentes alargando los Vietnan, y vendiendo armas a todo el mundo. Es absurdo suponer que Evo Morales y Chávez quieran hacer una guerra para lucrar; y ¿a quiénes se supone que van a vender las armas? Podrían competir con los países del primer mundo en tecnología. De la misma interrogante surge la ignominiosa intención de querer manipular la información por parte de este dícese llamar defensor de la patria.
Se habla del totalitarismo de las fuerzas armadas bolivarianas como si la intervención de los EE.UU. en las cuestiones internas de los países fuera la única vía posible de utilización de la fuerza. Hay quien dice que las intenciones justamente tienen que ver con desarmar al mundo para dejarlo indefenso ante una única fuerza, encarnada en la ONU. Y si tal institución tuviera tal poder, ya ni siquiera esta crítica tendría sentido porque sería luchar ciego, débil y sin armas.
Pero este periódico desafía a la propia historia; coloca a los EE. UU. en los cielos de la humanidad; y quiere negar por encima de todos los estudios históricos y políticos que ponen a tal país en la cima de los más representativos del despotismo, terrorismo de estado, conspiración y otros delitos consabidos. ¿Qué pasó con la CIA en Latinoamérica, específicamente en las casas de las Américas? El que leyó la historia de Latinoamérica en su formato extraoficial encontrará siempre en los cambios de gobierno, un actor principal además del gobierno en cuestión: Norteamérica. Entonces, la invención de la guerra contra el imperio se vuelve realidad. Negar esto lleva a pensar que la derecha quiere negar algo con el simple adverbio “no”, sin exponer el porqué de lo que afirma ser.
No se puede creer que intenten comparar la dictadura de Stroessner con el socialismo que emerge de la sociedad latinoamericana. Y lo más grave es que sigan demonizando al comunismo apoyándose solo en la expresión de Churchill y los grandes errores de Stalin. La gravedad de las afirmaciones de la editorial es tal que roza con la delincuencia mediática. Si vamos a criticar debemos hacerlo en un marco de respeto a la inteligencia, al honor, a la dignidad y a la obligación asumida. Y el medio de comunicación éticamente tiene deberes. Es por ello que debería sujetarse a una norma escrita que le imponga sus obligaciones y le garantice a la ciudadanía una seguridad informativa. Después son los primeros en hacer recordar que la ley está primero cuando la propiedad privada es atacada.
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viernes, 18 de marzo de 2011

Una mirada sobre los medios (Karen Marón)


Entrevista a Karen Marón, corresponsal en Oriente Próximo y golfo Pérsico
"En Irak se ha producido un genocidio, un urbicidio, un memoricidio y una atrofia de la genética humana"

Boletín Ecos

La periodista Karen Marón, corresponsal en Oriente Próximo y el golfo Pérsico y autora del documental Gazasovia, reflexiona en esta entrevista sobre la situación en Gaza e Irak, entre otros lugares de conflicto, y el papel que desempeñan los medios de comunicación en el "olvido" de esos conflictos una vez que cambia la agenda mediática. Marón se adentra en la fisonomía de la violencia en el siglo XXI para descubrir, junto a los conflictos internacionales, otra «violencia silenciosa» que tiene que ver con la pobreza, la injusticia, la discriminación y la marginación.
- Se ha señalado que en la sociedad global los medios de comunicación no son el "cuarto poder", sino algo más importante: el espacio donde se crea al poder y, en ese sentido, no son tanto un contrapeso como la expresión del propio poder. ¿Cuál es tu valoración al respecto?
- Coincido en que los medios son el espacio donde se crea y se expresa el poder. Hay una cuestión importante: estamos muy desinformados. Lo que vemos, lo que leemos y escuchamos está totalmente filtrado por estos grupos de comunicación. Crean una realidad que nos desinforma, nos anestesia, nos confunde, nos inmoviliza. Estamos ante situaciones que producen un desconocimiento enorme. Por ejemplo, en España se vive una crisis financiera, económica y social que puede ir in crescendo y todavía, dos años después de iniciada, no he visto claramente en los medios de masas que se le explique a la gente lo que realmente ha sucedido. Se habla de una burbuja financiera, de deuda, de cuánto se les ha brindado a los bancos, pero no hay información con la que la gente cuente; es una creación de un mundo casi virtual. De modo que coincido totalmente en que es el poder el que crea esa realidad que no es realidad. Quizá parezca un cliché hablar de Matrix, pero creo que estamos dentro de un Matrix y de una realidad virtual, que es la que crean los medios. 

-Esa recreación de lo que acontece ocurre a través de unos medios de comunicación que son empresas y, por tanto, su actividad es un negocio. ¿No es este un elemento esencial para explicar que lo que se está generando es un producto comercial que, dentro de un negocio, genera su propia realidad?
- Hay una crisis profunda en los medios de comunicación denominados convencionales porque en su mayoría no están gestionados por periodistas, sino por empresarios cuyo objetivo es obtener beneficios, y hablo tanto de medios escritos como de radio y TV. Como consecuencia de ello, la información se ve como una mercancía y la práctica de la comunicación como un negocio, lo que resulta lejano al ejercicio del periodismo, que implica una responsabilidad social. Esto afecta directamente a la calidad de la información.
En sus inicios, el periodismo fue una profesión con unos objetivos claros y una responsabilidad social bien definida. Actualmente vemos que el mayor interés de un medio de comunicación ya no pasa por una cuestión social sino por una cuestión económica, y que los grandes medios están en manos de grupos de poder y grupos económicos. Eso lleva a que el periodista tenga que comportarse de acuerdo con dichos intereses; y no estoy culpabilizando al profesional, que tiene que seguir esa línea editorial que se le impone si quiere seguir trabajando en ese medio, sino a la lógica económica que los rige.
Cuando aludes a que el poder está creando la realidad, uno de los casos más emblemáticos es el caso de Haití, el país más pobre de Latinoamérica y uno de los más pobres del mundo, que ha vivido uno de los desastres más graves a nivel mundial. Cuando se produjo el terremoto, los medios de comunicación desplegaron cientos de corresponsales en el país para narrar una historia de forma casi irresponsable, porque pasaban una semana o 10 días contando el sufrimiento del pueblo haitiano, pero antes del terremoto muy pocos habían ido a Haití a contar esta historia, que ya estaba ahí. Dos semanas después del terremoto todos los medios de comunicación se retiran de Haití, ya no hay niños huérfanos, ya no hay pobreza… pero llega el brote de cólera y otra vez se despliegan. Lo más importante para el periodismo y el periodista, que son los otros –el otro es el sujeto de la historia–, se ha visto traicionado terriblemente porque se utiliza la noticia como un espectáculo.
Pasó también en la primera guerra del Golfo, cuando se pudo ver el ataque a Bagdad desde el sofá de casa. Me parece de una crueldad absoluta porque estamos haciendo espectáculo de una información seria, y cuando el espectáculo no rinde más a los medios de comunicación, retiran a sus periodistas y se olvidan del dolor, de la barbarie y del sufrimiento, sencillamente sale de la agenda informativa. Lo mismo sucedió con Afganistán e Irak. En 2004-2006 estaban sucediendo hechos gravísimos en Irak y lo mismo ocurría en Afganistán, pero como el poder había determinado que tuviera preeminencia Irak, y no Afganistán, Afganistán desapareció de los medios. Pero alguien decidió después que volviera a ser noticia y los medios de comunicación trasladaron su buró a Kabul, mientras que hoy la situación en Irak sigue siendo desastrosa y vergonzosa a nivel humano, pero ya apenas es noticia. Claro que los medios están creando la realidad: nos muestran lo que quieren mostrarnos según su conveniencia o según sus intereses. Esto tiene que ver con lo que en su momento se llamó la «doctrina Kissinger», que se relaciona con los intereses de EE.UU. y la estrategia mediática que iban a utilizar, moviendo a los medios según sus intereses. Esto se ve muy claro en el caso del binomio Irak- Afganistán. Creo que es obsceno cómo se está manipulando la prioridad concedida a cada lugar según el momento.
Igual ocurre con los conflictos olvidados de África o Asia de los que no se está informando, y no es que a la gente no le interesen, sino que al poder no le interesa mostrarlos.
- Vivimos rodeados de mucho ruido informativo, de una sobreabundancia de información que nos genera cierta parálisis e incapacidad de asimilación. En este sentido, Eduardo Galeano ha señalado que «estamos informados de todo, pero no nos enteramos de nada». ¿Cómo generar una información relevante que permita iluminar lo que está sucediendo en un contexto de avalancha informativa? ¿Con qué criterios?
- Nos hacen creer que estamos informados con pequeñas noticias que no cuentan las causas ni la historia ni el contexto social y político; no se hace seguimiento y no se cuentan las consecuencias. Por tanto, hay mucho ruido y desinformación. ¿Cómo revertirlo? Es necesario que surja un debate entre los periodistas –donde ya ha empezado–, el poder ciudadano y las diferentes organizaciones sociales. Tenemos el derecho a estar informados, de modo que todos deberíamos estar comprometidos en este proceso de cambio de paradigma. No tengo la solución, pero confío en que la unión de diferentes sectores puede encontrarla. Esa es una de las razones por las que soy free lance desde hace ocho años; ello me ha permitido contar los temas que quería contar, y los tiempos para contar esas historias. Los grandes medios envían a los periodistas dos días a Tanzania, tres días a Irak, luego Afganistán… la vorágine de los medios no permite a los periodistas tener un background del lugar en que se encuentran ni saben cómo moverse. Difícilmente alguien puede contar una historia pasando 48 horas en un lugar. Eso no es informar, sino desinformar, o, simplemente, cumplir con el trámite de salir al aire y contar unos hechos que ya están publicados en Internet.
- Tu opción de trabajar como free lance, ¿qué ventajas tiene?, ¿qué dificultades?
- Es duro, sobre todo al principio, y particularmente en Latinoamérica, donde un periodista free lance se entiende como un profesional que no encuentra trabajo, cuando en realidad es una elección. En Europa y EE.UU. se respeta más. Y digo duro porque uno está muy solo, especialmente en conflictos armados donde trabajas sin protección, sin un medio que te respalde en caso de un secuestro, no hay un casco o un chaleco antibalas y uno mismo tiene que asumir todos los gastos. Pero a la vez que una limitación es también un aprendizaje, porque uno se convierte en su propio productor ejecutivo y periodístico, en el gestor de sus ideas y logística. Por otra parte, te exige informar de manera diferente a como lo hacen los grandes medios de comunicación, aunque eso te expone en relación con la seguridad. Por ejemplo, en Irak, algunos periodistas hacían lo que el gran Robert Fisk denominó «periodismo de hotel», que consiste en entrar en Internet, cortar y pegar, y enviar el artículo a la redacción. Siendo un periodista independiente tienes que salir a la calle bajo cualquier circunstancia de seguridad para conseguir esa historia diferente, y que precisamente por ello va a hacer que esa historia sea publicada.
A favor está la libertad de movimiento y la posibilidad de tener el tiempo suficiente para tener ese background necesario para contar una buena historia, invirtiendo el tiempo suficiente para convertirse en lo que Ryszard Kapuściński llama un «etnógrafo», casi en un investigador de lo que le sucede a otro ser humano, tratar a ese ser humano como un sujeto –darle un nombre, una identidad, contar esa historia– y no un producto, algo frecuente cuando uno tiene que cumplir con tiempos determinados. Despersonalizar al protagonista de la historia –que a menudo resulta como imposición de los medios– me parece otra aberración del periodismo. Otra forma de despersonalizar que estoy viendo en los últimos años es el surgimiento del «periodista estrella», el periodista que suplanta al verdadero protagonista de la noticia y se erige él mismo en el centro de atención.
- En su libro Las ciudades invisibles, Italo Calvino plantea una reflexión sobre el infierno. Señala que, si existe, está aquí entre nosotros, y que hay dos maneras de soportarlo. La primera resulta más fácil para la mayoría: aceptar el infierno y convertirse en parte de él, hasta dejar de notar que existe. La segunda es peligrosa y requiere sabiduría y una atención constante: consiste en buscar, y en saber reconocer, en medio del infierno, lo que no es verdaderamente infierno y hacerlo durar, y darle espacio. Cuando informas desde el infierno de un conflicto armado, ¿qué buscas?
- Busco una de las cosas que más me motivaron desde mis inicios y ante la cual, con el paso de los años, he sentido cierta frustración. Cuando una es joven piensa que la publicación de un artículo va a cambiar la historia de alguien que esta viviendo una situación trágica. Pasé por esas etapas: idealismo, primero; frustración, después. Actualmente, cuando entrevisto a una madre que ha perdido a su hijo o a una mujer que se encarga de huérfanos que han perdido a sus padres en la guerra y muestro historias que suceden a 15.000 km de distancia, me doy por satisfecha si con mi trabajo he conseguido generar empatía con la víctima. Me siento simplemente un medio. Con que haya una persona que sienta empatía, aunque sólo sea una, por el sufrimiento, por el dolor ajeno, por la dignidad que se encuentra en medio de ese infierno, percibo que el trabajo está cumplido. El ser humano es luz y sombras, y en esos lugares –aunque parezca paradójico– hay mucha más luz de la que imaginamos; en muchos de esos lugares infernales es donde se puede encontrar más luz. Ya no soy la idealista de antes ni siento frustración; trabajo como periodista, pero primero soy un ser humano que trabaja de periodista.
- ¿Qué opinión te merece la figura del «periodista empotrado»?
- El pico máximo de libertad de los periodistas en zona de conflicto fue durante la guerra de Vietnam, con la consecuencia de que cuando llegó la información a EE.UU. se produjo una reacción de la opinión pública que llevó a la retirada de las tropas de aquel país. A partir de ahí, el Departamento de Estado y el Pentágono supieron que tenían que perfeccionar los mecanismos de control y de censura de la información. Así comienza esa figura del «empotrado» o «encamado».
El «empotrado» es una de las formas más perfeccionadas de censura del periodismo y del derecho a la información. Afortunadamente hubo muchos corresponsales que no se adhirieron a esta modalidad y fueron los que sacaron los artículos más impresionantes. Cuando en 2004-2006 empezaron en Irak los secuestros de los periodistas que no íbamos empotrados, y se decía que era la resistencia chií o grupos como Al-Qaeda –porque cualquiera puede ser Al-Qaeda–, muchos medios de comunicación dejaron de mandar corresponsales, también presionados por los respectivos gobiernos, que se veían obligados a pagar sumas siderales para rescatarlos. Siempre tendré la duda de quiénes secuestraron a los periodistas en Irak, como en el caso de Giuliana Sgrena, porque, ¿qué interés iban a tener esos grupos en que no se contara aquello de lo que estaban informando (que no era otra cosa que las violaciones que se venían cometiendo al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos por parte de los ocupantes)?
Se ha dado en todos los casos la coincidencia de que los secuestrados eran periodistas que estaban informando de violaciones al derecho internacional humanitario (DIH) y a los derechos humanos, y, en definitiva, abusos a los civiles por parte de los ocupantes. Precisamente esos periodistas que fueron secuestrados se negaron a estar «empotrados» y a contar la historia que los ocupantes querían que se contara.
Más recientemente, durante la Operación Plomo Fundido, en 2008-2009, cuando Israel atacó la franja de Gaza, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas de Seguridad israelíes también empezó a aplicar la figura del periodista empotrado. Recuerdo que estábamos en el paso de Erez, y la entrada se efectuaba sacando al azar un número entre los que se habían repartido a los periodistas; subían al periodista a un vehículo de combate y lo llevaban a determinadas zonas –en plena operación militar– donde el periodista no podía contar ninguna historia, solo aquella que los militares israelíes le mostraban. Fue la primera vez que se aplicó una censura de semejante magnitud en un conflicto en Israel, e incluso fue apelado por la Corte Suprema de Justicia de Israel, generándose mucha presión por parte de los organismos de defensa de los periodistas. Este mecanismo se va perfeccionando año tras año y va a ir in crescendo; lo triste es que cuando no contamos la historia, simplemente no existe. Afortunadamente, cuando pudimos ingresar después del alto el fuego corroboramos fehacientemente que se utilizó contra la población civil fósforo blanco, bombas de racimo y un nuevo explosivo con tungsteno, desarrollado por la Fuerza Aérea de EE.UU. y que se utilizó en la franja de Gaza como si de un laboratorio se tratara. Eso es lo que no querían que contáramos, y por ello aplicaron por primera vez la figura del «empotrado». Pese a la obscenidad de la violación del derecho internacional humanitario y los derechos humanos, y pese a que mientras transmitíamos decían que no era verdad, después lo pudimos corroborar y contar, y en muy pocos meses fue ratificado. De todas formas, los periodistas que vamos a cubrir conflictos estamos en una posición muy vulnerable y los corresponsales que cubren sus historias internas son los que corren más peligro. En Colombia y en la actualidad en México vemos cómo los periodistas son asesinados vilmente, mientras funcionan mecanismos de censura y autocensura que día a día se van perfeccionando.
- Las filtraciones de Wikileaks, ¿aportan información nueva con respecto a los conflictos que has nombrado en Colombia, Irak y Gaza? ¿Qué opinas del revuelo que se ha creado en torno a los cables de Wikileaks?
- Me causó mucha sorpresa cuando empezó el tema, pero fui cauta porque las primeras informaciones desprendidas de muchos de estos 250.000 cables fueron bastante banales. En otros cables secretos, Arabia Saudí pedía a EE.UU. que bombardeara Irán, y EE.UU. respondió que eso lo dejaban en manos de Israel. Los periodistas hemos escrito acerca de eso hace seis o siete años. Era una información conocida para quienes escribimos análisis de política internacional o cubrimos esa región, para nosotros no era novedoso. Y más cuando durante la Operación Plomo Fundido, los israelíes comunes gritaban en las calles de Jerusalén «vamos a por Irán», así que no nos hace falta Wikileaks para saber que Israel quiere atacar Irán. Los cables también "revelan" que durante la Operación Plomo Fundido había un acuerdo entre miembros de Al Fatah y Egipto para que ingresaran en Gaza y cometieran asesinatos selectivos de miembros de Hamás, pero eso lo conocían en la calle, y lo hemos escrito o transmitido inmediatamente. Respecto a eso Assange, que es considerado casi un héroe, afirmó: «esto lo tenían que haber publicado los periodistas». Quiero decir que los periodistas lo hemos publicado, y hace muchos años, solo hace falta buscar en los archivos y corroborarlo.
Por otro lado, no estoy convencida de la historia de que un soldado de primera descargue cientos y cientos de miles de cables secretos en un ciber, y me hace recordar mucho la historia del Watergate en el Washington Post, cuando se decía que dos periodistas habían investigado el tema. Hay que recordar que Bob Woodward había sido un agente de la inteligencia naval estadounidense y que en esos momentos respondía a la CIA y a un jefe de la inteligencia naval, y que su fuente era un agente del FBI. Entonces, fue una manera elegante de desplazar a Nixon del poder. No sé si eso tiene similitud ahora, pero creo que hay que dar mucha menos importancia a Wikileaks de la que se le está dando. Leí un artículo que hablaba de entretener a la opinión pública con estos cables que apenas dicen nada nuevo, mientras en otros lugares están pasando cosas importantes que no se cuentan.
Un análisis profundo revela que en estos cables no salió, por ejemplo, ninguna información sobre Plomo Fundido o las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania, y una de las versiones es que Assange cerró un acuerdo con Israel para que no saliera nada de ese país. Y, efectivamente, no hay información al respecto. Antiguos compañeros de Assange en Wikileaks, hablan de autocracia y manipulación de la información. Además, él llegó a un acuerdo con los medios de comunicación, cinco o seis grandes diarios, para publicar la información. Sin embargo, ¿cómo sabemos los lectores con qué criterio se han seleccionado los cables que han sido publicados? ¿Cuál es la información que nos está llegando? Se prometió que saldrían muchos cables más, ¿dónde están?
- Se observa una evolución en la naturaleza de la violencia en nuestros días. Más allá de los conflictos armados internacionales, se está extendiendo una violencia vinculada a la desintegración social y política; por ejemplo, el caso de México que citabas, donde están siendo asesinadas miles de personas por esta causa, y lo que pasa en algunas ciudades recuerda a lo que está pasando en Colombia ¿Crees que ese va a ser el nuevo rostro de la violencia en el siglo XXI?
- Por un lado van a seguir los conflictos internacionales, pero también lo que alguien denominó la «violencia silenciosa», la violencia que tiene que ver con la pobreza, la injusticia, la discriminación, la marginalidad, la violencia que ejerce el poder contra la gente, que en muchas circunstancias puede ser peor y causar más víctimas que un conflicto de alta intensidad. No sé si México se va a "colombianizar", pero lo que sí sé es que está viviendo una situación extrema. En México fue donde nació el término «feminicidio». Lo que sucede en Ciudad Juárez ocurre porque hay una connivencia por parte del poder y el Estado. Los asesinatos de mujeres que se vienen cometiendo desde hace años quedan en una impunidad total y el poder del narco ha crecido cuantitativa y cualitativamente. Me preocupa que cuando surgen este tipo de grupos violentos la reacción sea militarizar más la sociedad o la aparición de grupos paramilitares, porque ese desenfreno pone a la sociedad en un riesgo total.
También conviene analizar por qué el Estado ha permitido el crecimiento de estos grupos, porque estas cosas no son casuales. ¿Cuál es el objetivo de que crezcan? El narco, en México como en Colombia, traspasa todos los estamentos de poder, el poder político y el poder económico. Con respecto a la violencia social, me preocupa el retroceso de los derechos adquiridos en las últimas décadas porque va a traer graves consecuencias. Y todo ello potenciado por la crisis económica, que produce mayor dominación, pauperización, marginación y menos herramientas para defenderse.
- Con respecto a Irak: lo has visitado recientemente y eres una de las personas que más tiempo estuvo informando
in situ durante todo el tiempo que duró la guerra de invasión ¿Qué puedes señalar hoy de la situación de este país?
- Irak es uno de los ejemplos de la obscenidad o la indiferencia con la que se manejan muchos medios de comunicación, porque cuando Irak era un espectáculo mediático se realizaban grandes coberturas. Como ya he dicho, una vez consumada la invasión se decidió traspasar la atención a Kabul y los medios se fueron a Kabul. Hace cinco años que un medio latinoamericano no envía un corresponsal a Irak, y hoy Irak, después de casi ocho años de ocupación, es un país devastado, con un saldo de 1,2 millones de muertos civiles, según la revista médica británica The Lancet. Por ello, lo considero como el primer genocidio del siglo XXI. La palabra genocidio tiene muchas acepciones, pero si se denomina genocidio a las matanzas en Ruanda en los años noventa en las que murieron entre 800.000 y 900.000 personas, o a las matanzas de los Jemeres Rojos en Camboya en los años setenta, donde murieron 1,7 millones de personas, la cifra de 1,2 millones de muertos de Irak en siete años y medio es un genocidio. Hay muchas declaraciones por parte de políticos y jefes militares de EE.UU. que en 2004 hablaban de que habría que exterminar a todos los iraquíes, matarlos como cucarachas: querían un Irak sin iraquíes –como dicen los que quieren una Palestina sin palestinos–.
Pero junto al vergonzoso genocidio, se ha sufrido además un "urbicidio". En 2003 se destruyeron grandes infraestructuras. En paralelo, está el negocio de la reconstrucción con las complicidades de las grandes empresas constructoras o de seguridad estadounidenses –Halliburton, Blackwater– estrechamente relacionadas con el Gobierno de Bush. No se ha reconstruido ni el 5% de los edificios que se destruyeron durante la invasión. Hay también un "memoricidio". Se ha destrozado la memoria de la humanidad –como se considera a esa zona de confluencia de los ríos Tigris y Eúfrates– con total impunidad. Han desaparecido obras de arte que en su mayoría no se han recuperado. A día de hoy, se corta la energía eléctrica cada cuatro horas, hacen filas de cuatro kilómetros para conseguir gasolina –¡en Irak, que nada sobre petróleo!–, no hay anestesia en los hospitales. Cuando explota un carro bomba y la noticia dice que hay 40 muertos y 60 heridos, de esos heridos es muy probable que 55 de ellos fallezcan.
Para destruir una sociedad hay que destruir la educación y las cabezas pensantes de esa sociedad. Hay más de 400 profesores universitarios desaparecidos y asesinados selectivamente en Irak, y otros cientos que se han tenido que ir. Así se descabeza la cultura y la intelectualidad de una sociedad. La situación sigue siendo dramática. Hay niñas de nueve años con cáncer de mama, producto de la utilización en la primera y segunda guerra de Irak del uranio empobrecido, un revestimiento que se utiliza en los armamentos y que ha dejado radiactividad, sobre todo en el sur, en la zona de Basora. Están naciendo –y muriendo inmediatamente– niños totalmente deformes, y a causa de ello se dice que se está produciendo en Irak la atrofia del ADN humano. También nacen niños con esas malformaciones en EE.UU. porque los soldados que combatieron en la primera guerra del Golfo sufren lo que se denomina «semen ardiente», al estar contaminados también por el uranio empobrecido. Esta degeneración del ADN humano alcanza al ocupante y al ocupado. Ese es uno de los temas prohibidos en la agenda mediática oficial.
Hoy las matanzas se siguen cometiendo. Me parece una obscenidad que hoy día no se hable de lo que está sucediendo en Irak, que no se envíen corresponsales y que, por el contrario, se utilice la falacia de la retirada de las tropas ocupantes: se han retirado 50.000 hombres que se suponía que antes cumplían la función de tropas de combate. Pero, en realidad, estos 50.000 soldados no se han retirado de Irak; hay seis bases militares permanentes en Irak, y se han reconvertido en tropas de asistencia para la formación de 650.000 policías y militares iraquíes. También han quedado 4.500 soldados de las tropas de elite estadounidenses y el segundo ejército más poderoso bajo bandera de EE.UU. en Irak son los llamados elegantemente "contratistas", que son, simple y llanamente, mercenarios. Hay más de 15.000 mercenarios en Irak actuando de forma impune. Pertenecen a más de 35 empresas y a 15 nacionalidades, y, sin embargo, no se habla de ello. Además, hay más de 30.000 desaparecidos, hay centros clandestinos de detención y tortura, y se sigue cometiendo una de las más degradantes matanzas del siglo XXI. Es vergonzoso que, por acción u omisión, no sepamos lo que está sucediendo en ese país. Hace siete años declararon que se había terminado la guerra. Pero nunca hubo una guerra; hubo, nada más y nada menos, que una invasión y una posterior ocupación. Desde la falacia de la retirada de las tropas, quisiera que alguien me respondiera qué sucede con el más de un millón de muertos, con los miles de familias destruidas, con un tejido social totalmente colapsado y con la atrofia de la genética humana. Supongamos que las tropas se retiran mañana, ¿no debería responder alguien de las consecuencias de esta infame ocupación?
Fuente: Boletín ECOS nº 14 – marzo-mayo 2011 – ISSN - 1989-8495 – CIP-Ecosocial www.fuhem.es/cip-ecosocial

martes, 25 de enero de 2011

¿La razón puede también soñar?




Linda pregunta por donde se la analice; pero creo que ya ha sido respondida con suficiencia por uno de los más grandes novelistas portugueses e integrante de la Revolución de los claveles (movimiento revolucionario portugués de 1974). Este hombre, que el único compromiso que ha tenido fue con el ser humano, ha analizado la utilidad de los medios de comunicación en un artículo de Le Monde Diplomatique, en el cual desarrolla la respuesta a este interrogante que presentamos. Por lo tanto, este trabajo solo hará la interconexión de dicho texto con las posibles objeciones que puedan suscitarse.

Francisco de Goya (pintor y filósofo español) es quien propone esta reflexión ya en el siglo XIX cuando escribe pronosticando que “el sueño de la razón engendraría monstruos”. Esto es clave para posicionarnos en esta era de la información. Saramago rescata esta frase importantísima de la boca de un filósofo que no tiene la fama de otros. Con ella se sirve para fundamentar el concepto de comunicación del siglo XXI.
Nuestro premio Nobel de Literatura (1998) empieza su artículo a partir de otras preguntas  desprendidas de la frase de Goya: Pero ¿se trata de una razón despierta? ¿En el verdadero sentido de la palabra "despierta", es decir atenta, vigilante, crítica, obstinadamente crítica? ¿O de una razón somnolienta, adormecida, que en el momento de inventar, de crear, de imaginar, se descarrila y crea, imagina efectivamente monstruos? Una mentalidad relajada podría decir que esta reflexión tiene una contradicción, que sería la de afirmar que la razón misma puede ser una razón sin razón en ciertos momentos. Pero esta afirmación veremos que tiene mucho de verdad como para no considerarla.
Supuestamente hemos llegado a la cumbre del desarrollo intelectual de la humanidad, quien estaría preparada para resolver casi todo problema cognoscitivo que este a su alcance histórico. Esto es falso, por la sencilla razón de que la humanidad no está representada por 500 o más físicos, científicos, ilustres pensadores, etc. que sí estarían a un nivel intelectual con grandes posibilidades de encontrar respuestas al mundo. Con lo cual podría decirse que la humanidad sigue siendo la misma en esencia, no ha cambiado tanto. Lo que cambió radicalmente en el pensamiento fue la mentalidad de solo algunos privilegiados. Los avances que vinieron con las distintas revoluciones humanas (políticas y culturales) no han incluido a todo el mundo como se supone. Por ende, todo progreso que se logre siempre es —como dice Saramago—bueno y malo a la vez. Bueno para unos pocos, malo y engrosando aún, para la mayoría. Entonces, la razón de la modernidad como solo una metáfora de la ignorancia encubierta se quiere presentar con un carnet de legitimidad que justifique el estado de cosas. Es muy utilizada la expresión de que hoy la gente ha evolucionado como nunca antes,  gracias a los avances de los medios de comunicación. Pero sigamos aferrándonos a las palabras de Saramago y planteemos lo siguiente: acaso los medios de comunicación no son también una amenaza seria de deshumanización y manipulación. De hecho, nadie podría no reconocer el valor de los medios para la circulación informativa; pero lo negativo también debe concienciarse para no ser ingenuos en este debate. Utilicemos el ejemplo práctico de nuestro escritor portugués: si un abonado de televisión por cable tiene 500 canales a su disposición, ¿de qué sirve? A primera vuelta uno creería que está mejor informado que el abonado de 5 canales; pero si pensamos un pocos más y sabemos que “conocer” los quinientos canales supone cuatro meses —por imaginar un número moderado, porque pueden ser muchos más— evidentemente cae nuestra primera apreciación en un pozo. Ya que el abonado de cinco canales tendrá un conocimiento mucho más profundo de lo mínimo que ve, mientras que el de quinientos canales se pasará la vida mirando y nunca analizando. Y es aquí donde debe aparecer de nuevo la frase de Goya; porque la razón del hombre que tiene su computadora con millones de contactos y recursos e imágenes puede —y lo hace todo el tiempo—encontrarse durmiendo a su inteligencia. Esa misma razón que lo puede salvar, lo está hundiendo en una improductiva evasión. Además, esta evasión ya es una manipulación desde las oficinas de los grandes monopolios de la comunicación.
Se ha mencionado, por otro lado, la posibilidad de una deshumanización a cargo de las nuevas tecnologías. Y si nuestro razonamiento no está errado, dicha consecuencia es razonable si se piensa en la gran cantidad de seres humanos que dejan de serlo para ser atrapados por las redes virtuales y por la pasividad que ella genera. Las palabras sabias de Saramago creemos que son formidables para este problema: la información nos vuelve más eruditos o sabios solo si nos acerca a los hombres. Podemos decir, entonces, que esta frase de Saramago ya es sabia porque nos invita a acercarnos a los hombres y no a competir y alejarnos de ellos. Pero, ¿cómo no alejarse de los hombres con tanta aceptación —o resignación—a los valores impuestos? Sin una conciencia de lucha por la reafirmación del ser, no quedará más que el resultado no querido. Habrá más televisores haciendo reír a hombres sin derechos ni deberes que piensan toda una vida en buscar un plan para comprarse un auto, un viaje, o ser el mejor de todos los hombres. Habrá más computadoras que comunican más virus que pensamientos, y darán muerte cerebral a quien las quiera manejar. Esto, sin mencionar lo que nos preparan las guerras del futuro a través de las nuevas tecnologías.
Llegado hasta este punto, Saramago tiene mucha razón para indignarse de la razón. Ha conquistado lugares nunca imaginados, pero paralelamente ha hecho estragos también nunca alcanzados. Hoy algunos saben mucho más del mundo que en cualquier otro tiempo de nuestra historia, pero paradójicamente se puede afirmar que hoy la humanidad sabe mucho menos de este mundo que hace 200 años. (Alguno diría que hasta la razón excluye)
Esta pesadilla que nos anunció Goya y que vuelve a recordarnos Saramago, es, como se dijo anteriormente, el sueño de la razón en su versión adormecida y no del sueño despierto. Y la comunicación es el instrumento que debe revelarse ante sus dueños como para salir de esta encrucijada. Es la que debe volver a buscar la comunión entre los interlocutores, la que debe propiciar la reflexión metódica y dirigida por sus actores, y nunca por terceros. En fin, es la que debe generar el contacto real (en su versión realista y ficcionaria) de los hombres, para que se sientan partícipes de este mundo, como agentes y no objetos de sus conductas.
                                                                                                                                                                   Lic. Luis Torres
Bibliografía
Saramago, José. ¿Para qué sirve la comunicación? El Diplo Nº 9 marzo 2000. Pág. 37